A la operación policial, y judicial mal que les pese a los afectados, desarrollada estos días en Orihuela y Alicante le han salido demasiados guionistas interesados, malos guiones que la pueden convertir en una película de tercera para la posteridad. Y como viene siendo habitual, se espera y se alimenta la complacencia y la inacción acomodaticia del espectador.
Pero ya está bien de aplaudir o vocear, ya está bien de equidistancia política; a los ciudadanos oriolanos, y a los valencianos, nos ha llegado la hora de entrar en acción, masivamente, y no solo a los políticos de la oposición, que hace mucho que lo hacemos sin el favor del respetable. Es hora de forzar otro desenlace o de que nos devuelvan el dinero de las entradas. Porque estamos hablando del futuro, y de lo nuestro, y no queremos ni oír hablar de la “cosa nostra”. La mordaza, como la ignominiosa ley Berlusconi, es para los muertos y nosotros no lo estamos. Y es que hablamos de sobornos, de extorsión y tráfico de influencias, y de concursos fraudulentos con mediación de servidores públicos; y todo eso son palabras mayores, no una sesión doble en un cine de verano.
Y desgraciadamente también hablamos del pasado; casi 4 años con el caso Brugal bajo secreto sumarial en el nº 3 de Orihuela, con nuevo juez instructor desde febrero, después de que pasaran por allí otros tantos. Casi una legislatura como oportunidad a supuestos delincuentes para campar a sus anchas, y para ampliar su lista de imputaciones. ¿O es que el bien público no se ha de tutelar en la misma medida que otros bienes o derechos? O somos tontos o todos nos hemos vuelto locos. Entre dimes y diretes nuestros dineros y nuestra dignidad, pidiendo el juez de Orihuela que le rectifique el Tribunal Superior de Valencia (ese que preside el amiguísimo), en contra de la evidencia de su propio auto del 1 de julio, en el que autorizaba la operación policial; y dando así fuelle y respaldo a la estrategia del PP contra el Ministerio del Interior, la Policía Nacional y la Fiscalía.
Un Partido Popular que se ha perdido en la senda del mal, sin ambages y sin redentor; en los vericuetos de la inmoralidad se sienten cómodos y “tranquilos”. Resulta que para restituir el honor de los que nunca fueron honorables, se apela a citaciones policiales ante un juez a las que se acude “voluntariamente”. Pues “manda güev…” como diría Trillo. Eso sí, siempre aferrándose a las medias verdades e intoxicando en los medios de comunicación afines con estupideces jurídicas que no se sostienen. Afortunadamente, la libertad dictada por el juez puede que sea sin fianza y no sé si estará exenta de ira, pero desde luego sólo es provisional y con cargos, muchos cargos y los más graves de los que puede estar acusado un político en ejercicio.
Y es que la corrupción, sobre todo en la Vega Baja, tiene demasiados brazos armados, de sobra conocidos, y ahora unos cuantos más, fichados. Mientras, nuestra alcaldesa y la suya, Dña. Mónica Lorente, durante todo el día de la operación no defendió ni a nuestro Ayuntamiento ni a los oriolanos; se reunió, poniendo antes la venda que la herida (si sabrá ella que hay herida) con sus abogados, para preparar la defensa de unos concejales supuestamente corruptos y “sin poder de decisión”, o sea, para preparar su propia escapatoria. Desproporcionadas sus mentiras, Sra. Alcaldesa, desproporcionadas su risa y su falsa tranquilidad, y totalmente de acuerdo, desproporcionada la absoluta falta de ética de su tiempo político. Todos sospechamos donde está el dinero que usted y su equipo no han estado dispuestos a destinar al buen gobierno de Orihuela ni al cumplimiento de las leyes; estaba de más que nos lo recordara su concejala Ferrando en el reciente debate para la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, o sobre la conservación del patrimonio y del legado de Miguel Hernández.
Estos no se irán solo pidiéndoles educadamente que se vayan; los ciudadanos y la acción política tendrán que echarles, porque su partido a estos efectos, como a casi todos los efectos, es insolvente. Solo los hombres, y las mujeres, corrigen a otros hombres y mujeres cuando estos se han demostrado incapaces de rectificar. Ha llegado el momento de tomar la palabra, esta sí “un arma cargada de futuro”, como los oriolanos no deberíamos haber olvidado nunca. Y es también el momento de reclamar la máxima solvencia a nuestras instituciones, porque es ahora o no será nunca; con el Mediterráneo de por medio, Italia queda demasiado cerca. De entrada, aquí la “prota” no ha tenido un padrino sino dos, Ripoll y Fenoll. Los imputados del caso Brugal han de pasar en un tiempo asumible a ser penados o absueltos, sólo eso nos valdrá; de otra forma las penas y los castigos, como dictan todos los códigos de conducta, dejarán de tener sentido.
Personalmente, apuesto a caballo ganador, pero como en las buenas películas con final feliz, esas en las que nunca gana el malo, confío en el guión y en un buen attrezzo, para que el caballo lento no los lo acaben adjudicando a los buenos.
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